Lectura del Santo Evangelio según San Juan (10,1-10):
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Palabra del Señor
COMENTARIO AL EVANGELIO DEL IV DOMINGO DE PASCUA
Mis abuelos tenían ovejas. Me encantaba ir con ellos a ayudarles a cambiarlas de finca, llevarlas al valle o simplemente ver cómo las ordeñaban. Son animales muy miedosos y pacíficos. Un momento especial del año, era el momento en el que iban a “la peluquería”. Llegaba el verano y no podían pasar calor, había que hacer una buena rapada. En ese momento parecían otras, después de un invierno con sus abrigos y con ganas de achucharlas, pasaban a ser animales desnudos y flacuchos. Mi abuelo las llamaba, a cada una por su nombre, y entraban enseguida en la cuadra para comer y ser ordeñadas. Sabían que él les daba de comer, que les sacaba la leche que les molestaba, que las curaba cuando estaban cojas o simplemente las acompañaba largos ratos junto a la charca mientras ellas recorrían el valle comiendo los pastos de Pradohueso. Mi abuela aprovechaba su leche para hacer unos quesos riquísimos. La lana no se tiraba, había que lavarla para luego venderla. Y en muchas ocasiones vi a mi abuela dando un biberón al corderito que no era capaz de mamar de la madre. ¿Cómo no iban a escuchar sus voces y seguirles, si eran los que las querían y cuidaban? 
Amigos, Jesús utilizaba estos ejemplos porque los veía a su alrededor. Seguro que contemplaba lo que yo hoy estoy contando. Veía cómo los pastores buenos, cuidaban de sus rebaños y las ovejas los seguían. Jesús dice en este Evangelio que es esa puerta por la que entran las ovejas siguiendo al Buen Pastor, que también lo es Él.
Jesús nos propone ser nuestro Buen Pastor que nos quiere, nos cuida, nos cura el alma y nos acompaña cada día, como lo hacían mis abuelos con sus ovejas. Él no abandona su rebaño. Quizá no lo sepamos todo sobre Él, sobre Dios, como las ovejas que no sabrían el nombre de mis abuelos, ni cómo era su vida fuera del entorno de las ovejas. Eso nos pasa a nosotros, no sabemos todo sobre Dios y no pasa nada. Sabemos que nos cuida, nos indica el camino que nos lleva a la felicidad para siempre, un camino de AMOR que sólo es posible compartiendo el pasto de este mundo con todas las ovejas que lo habitamos. Es verdad que vivimos en un mundo de lobos, pero el Buen Pastor cuida día y noche de su rebaño. Tan sólo quiere que le pidamos ayuda cuando nos sintamos solos, abandonados, tristes, deprimidos, sin trabajo… porque Él dejará a las noventa y nueve para ir a buscarnos y sacarnos adelante.
Recuerdo trabajar en Pradohueso recogiendo hierba durante el verano para que durante el invierno las ovejas tuvieran cama y comida. Mis abuelos sembraban muchas hortalizas para ellas y continuamente inventaban cosas para que tuvieran bañeras llenas de agua. Aquello era el reino de las ovejas, donde no faltaba nunca el alimento, la bebida y el lecho donde dormir. Me gustaba observar que nunca había peleas entre ellas. Cada vez entiendo mejor que Jesús utilizara tanto el símil de las ovejas y el pastor. Él sueña y anhela un Reino de Ovejas, un Reino de Dios en la tierra donde haya paz, donde siguiendo los pasos de Jesús, el Buen Pastor, consigamos entender, que junto a Él, nunca nos faltará nada, porque todo se compartirá, donde no habrá ricos y pobres, donde todos somos iguales, como las ovejas.
Seamos personas sencillas como las ovejas, que confían en su fiel Pastor, que nunca las abandona.
Feliz domingo.
Daniel Mielgo Barreña
Parroquia de San Andrés – Ciudad Rodrigo

